La historia y los mitos

Se reescriben, se siguen reescribiendo, ¿por qué siguen teniendo algo que decirnos?

Y fíjense qué referencias culturales usa este poemas escrito el año pasado por un poeta de La Plata, Mario Arteca

 

El corazón del desierto de Judea: rocas, no de arena,
allí se encuentra el pequeño poblado de Arad,
núcleo bestial de cabras de monte y de serpientes.
Bajo de estatura, igual los árboles de olivo
de tronco nudoso, avistados al norte de Jerusalén, ciudad
de origen; está hecho de un solo bloque. Se recorta
de una manera -angulosa- si fuera una rosa, pero asoma
una mirada intensa. Sentados a conversar, ante las cámaras
de Canal 22, en el pequeño jardín de su casa, lleno de plantas,
enredaderas, un verdor que trata de ocultar el sitio donde
converger el desierto. Sólo un dato traiciona esta ilusión:
la luz implacable. Existe una razón familiar y una
de perspectiva. Existe una razón familiar y una
de perspectiva. La familiar: grave problema de asma
hace algunos años y los doctores recomendaron ese aire
particular de la montaña del desierto; su enmienda.
En cuanto se mudaron, descubrió la vida en Arad:
una cierta faceta; no la tendría si viviera en el centro
del drama histórico. Desde ese lugar pueden verse
sucesos y situaciones a cierta distancia.

Seguir leyendo el poema acá 

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Publicado el 13 septiembre, 2014 en Lecturas, Relato del héroe. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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